Hace apenas unas semanas estábamos buscando el regalo perfecto para agradecer a esa profesora que les ha acompañado en sus primeros años. Y ahora, casi sin darnos cuenta, estamos preparando su entrada al colegio de mayores.
La etapa de la escuela infantil llega a su fin. Atrás quedan las primeras canciones, las manualidades que llenaban la nevera, las primeras amistades y esas personas que les han ayudado a crecer cuando todavía eran muy pequeños. Es una despedida bonita, pero también inevitablemente emocionante.
Porque mientras ellos cuentan los días con ilusión, muchos padres sienten una mezcla difícil de explicar. Orgullo por todo lo que han aprendido, emoción por la nueva etapa que comienza y cierta nostalgia al darse cuenta de lo rápido que pasa el tiempo.
La llegada al colegio de mayores marca uno de esos momentos que recordaremos siempre. El primer día de clase, la mochila preparada junto a la puerta, el babi recién estrenado y los nervios compartidos entre padres e hijos.
Y es curioso cómo los preparativos se convierten también en parte del recuerdo. Escoger juntos el color de su babi, elegir la mochila que más les gusta o buscar dónde poner su nombre son pequeños gestos que hacen que la aventura empiece mucho antes de entrar en el aula.
Para ellos es una forma de sentirse mayores. Para nosotros, una manera de acompañarlos en un paso importante. Porque detrás de cada mochila personalizada, de cada botella marcada o de cada babi preparado para septiembre, hay algo más que organización: hay ilusión, expectativas y muchas ganas de verles disfrutar.
Y aunque ahora parezca que queda mucho por vivir, un día encontraremos esa mochila guardada en un armario y nos sorprenderá lo pequeña que era.
Entonces volveremos a pensar lo mismo que pensamos todos los padres tarde o temprano:
Qué rápido crecen


